Norteamérica también es independiente
Decir Estados Unidos si de cine hablamos es sinónimo de Hollywood. Hay una razón lógica que lo explica; es el cine más programado por las grandes empresas exhibidoras en el mundo entero, y el que copa también las cadenas de televisión. En definitiva, es el cine que masivamente vemos, por elección o por falta de opción.
Otra, su producción es industrial, y tiene los mecanismos muy bien aceitados para producir sin parar y crear las condiciones para un consumo casi compulsivo, a través de un estilo particular, caracterizado por la violencia y la velocidad de sus historias; la existencia de un héroe claramente reconocible - con el que el espectador se identifica, admira y compenetra, y un enemigo, al cual el héroe se enfrenta y domina.
Pero también hay cine independiente norteamericano, hecho por pequeñas productoras, que permanecen fuera del circuito comercial, dominado por las grandes casas cinematográficas.
Tiene como característica una forma distinta de narrar, alejada de la estética Hollywood y más emparentada con otros cines del mundo, donde se cuentan historias más bien mínimas y cotidianas; la velocidad casi no existe; no hay buenos ni malos fácilmente reconocibles; y los finales no necesariamente responden a la formula del happy end.
El cine independiente norteamericano surgió en las décadas de los ´60 y ´70. Películas como las de Arthur Penn, La Jauría Humana (The Chase, 1966) y La Noche se Mueve (Night Moves, 1975); Peter Bogdanovich, La Última Película (The Last Picture Show, 1970); Robert Altman, El Volar es para los Pájaros (Brewster McCloud, 1970), Los Vividores (McCabe and Mrs, Miller, 1971), y Así Empezó Hollywood (Nickelodeon, 1976); Brian de Palma con El Fantasma del Paraíso (Phantom of the Paradise, 1974), entre otras, son algunas de las obras que integraron ese Nuevo cine americano, según la denominación que dieron algunos críticos de la época.
Este otro cine norteamericano también tuvo y tiene problemas de presupuesto, al igual que otros cines del mundo que no integran el circuito comercial por excelencia.
Las películas se hacen con lo justo, y menos que eso; los productores deben recurrir a festivales y fondos internacionales, a la búsqueda de recursos para concretar sus proyectos.
Hay mucho más cine del que pensamos, y por supuesto del que habitualmente vemos, este es sólo uno más de ellos.
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