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31 de Julio de 2010
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Hijos psicóticos: ¿Monstruos malvados o héroes juveniles?


Edward Gein era un campesino de un pueblito de Winsconsin, Estados Unidos. Un tipo demasiado normal, parecido a los del resto de su pueblo, los que en su gran mayoría vivían de su granja. Eran los últimos años de la década del 50.

Este personaje marcó un antes y un después en como los estadounidenses entendían el horror; siempre demasiados horrorizados por el terror local, pero insensibles a los provocados por sus múltiples guerras.

Ed (el demasiado “normal”) guardaba en su casa el cadáver de su madre, al que trataba como si siguiera con vida, así como gran cantidad de partes de sus múltiples víctimas, todas mujeres, las que usaba como productos de manufactura (forro de sillones, tazas, platos, cubiertos y máscaras). El buen gusto me hace omitir algunos detalles fácilmente recuperables mediante Internet.

En el plano de la ficción, el primer “hijo” de Ed y su historia, fue Psicosis de Alfred Hitchcock. En dicho filme, Anthony Perkins (Norman Bates, ver fotografía) es dueño de un motel del horror, en el que los desafortunados viajantes encuentran descanso (pero eterno).

La relación retorcida con su madre, de la que conserva su cuerpo, es la detonante de la furia del psicópata contra las mujeres. De ahí en más, se pueden señalar ciertos elementos que fueron legados a películas posteriores de horror: “Psicosis” (personaje: Norman Bates), “La Matanza de Texas” (personaje: Leatherface o Cara de cuero), “Halloween” (personaje: Michael Myers), “Viernes 13″ (personaje: Jason Voorhees) y “Pesadilla en Elm Street” (personaje: Freddy Krueger).

Mama’s boysEl públic0o objetivo al que se destina este tipo de películas son los adolescentes, víctimas predilectas de estos “loquitos”. Por lo tanto, los personajes deben tener determinadas características para adecuarse a la psicología del público a la que se destinan. Llámenlo marketing, si quieren.

 

Al igual que sucede con los héroes, como Batman, Superman, Linterna Verde, El Zorro o Spiderman, estos psicokillers esconden su identidad tras una máscara, lo que le da un tinte romántico a sus carnicerías y homicidios. El espectador se pone del lado del “malo”, que no es obstaculizado por leyes ni autoridad.

Por otro lado, los adultos (el mundo adulto, sus reglas y convencionalismos, sobre todo) son los responsables de la muerte y la desdicha de estos personajes, los que se ven obligados a tener una vida horrible (Hey, mamá no me dejó ir al cine, ojalá la parta a machetazos Jasón).

Esto sumado al hecho de que asesine adolescentes atractivos, ingenuos y a veces bobalicones, lleva a que el espectador, que también es adolescente, se identifique con el personaje que hace de malo; ya que, seguramente, el pertenece al promedio de esos adolescentes, que tuvo que fumarse al chico lindo, rubio y sonrisa “Kolinos”, capitán del equipo de futbol americano.

Otra cosa que se penaliza en este tipo de películas es el amor y el sexo. Basta que dos adolescentes se encuentren en una situación de esas, para que el psicokiller salte de un matorral, previo espionaje de la situación entre los árboles o matorrales, ahí la cámara nos pone en el lugar del asesino que acecha, y los destripe.

Un tema central en estos personajes es su relación con la madre, generalmente castradora, represora de toda actividad sexual. La que generalmente muere en alguna secuela de forma trágica, generando culpa en el asesino y sed de venganza, pero con más autonomía de matanza.

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