Un perro callejero millonario
A veces en el medio de la basura, pueden crecer flores. En “Slumdog millonaire”, el juego televisivo de preguntas y respuestas es solamente una excusa para contar las aventuras de tres niños (los tres mosqueteros) en una India pobre y llena de horrores.
La película tiene como escenario la miseria, el abandono y el abuso a los que son sometidos miles de niños de las calles de Bombay. Pero aquí la pobreza no es ni panfleto, ni exceso hiperrealista, es parte de la historia y de la explicación de por qué el joven Jamal, un villero casi analfabeto criado en la calle, puede llegar a triunfar en un reality en donde la inteligencia y la suerte se combinan.
Los directores, Danny Boyle y Loveleen Tandan, parecen decirnos que su vida “está escrita”, su suerte “está hechada”, desde el momento en que nace musulmán, hindú y pobre.
La fotografía que le hace guiñadas al filme Ciudad de Dios por su excelencia, regala una serie de escenarios magníficos desde el Taj Mahal hasta las villas de lata de Bombay, que también en un sentido están hermosas y rebosantes de vida y también de muerte.
En la historia de Jamal y su hermano Salim, la religión y la cultura pasan de largo, pero Jamal puede hacer un quiebre: el amor es la salvación en el medio de ese enjambre de muerte y destrucción; y el juego televisivo, esperanza de millones de hindúes de escapar a su realidad, la herramienta del destino. El Oscar se merecía una película así.
Artículos relacionados:

