You can leave your hat on

Algunas veces el Oscar va para los actores que interpretan papeles de exigencia notable como Tom Hanks en Forrest Gump; Jack Nicholson en Mejor Imposible; o Philip Seymour Hoffman en Capote. Y otras, va para actores que hacen de sí mismo como ocurrió con Humphry Bogart en La Reina del África.
En algunas oportunidades, las películas se vuelven procesiones de confesión, en las que el actor le cuenta al espectador su vida, sus desgracias y así, desde la ficción, se redime de alguna forma. Es lo que pasa con Micky Rourke en “The Wrestler”.



