Sangre, monstruos y otros aparecidos
El cine fantástico o bizarro es una expresión poco cultivada dentro de la producción cinematográfica del Uruguay. Sin embargo hay antecedentes, y una movida relativamente nueva, que revitaliza el género a nivel local.
Antes de seguir, aclaremos lo de cine fantástico y bizarro. No hablamos exactamente de lo mismo, a pesar de que estas palabras puedan usarse como sinónimos, si a cine se refiere.
El cine fantástico trata temas relacionados con aparecidos, fantasmas, y sucesos paranormales, pero lo que narra y las formas en que lo hace, tienden a hacer creíble la historia.
Mientras que con bizarro hablamos de algo notoriamente exagerado; para el caso del cine, cuando los efectos y los trucos quedan en evidencia, y en lugar de aportar a la creación de realidad para que el espectador “se la crea”, lo distraen y lo sacan de la historia. También los maquillajes y las sobreactuaciones contribuyen.
El coloniense Ricardo Islas, desde hace varios años radicado en los Estados Unidos, donde produce películas de terror con su Alpha Films, es quizá uno de los pioneros en este país.
Fascinado por las historias de hombres lobo y otros monstruos, siendo muy joven empieza a producir sus propias películas de bajo presupuesto. Entre ellas se encuentran títulos como Plenilunio y Mala sangre; o El almohadón de plumas, y La gallina degollada, en los que adapta al cine (a su tipo particular de cine) estos cuentos de Horacio Quiroga.
Pero hoy, en medio de todo lo que pasa con el cine uruguayo, este género reaparece de la mano de algunos realizadores que se han interesado por él, y de la apertura de espacios donde mostrar.
Encontramos por ejemplo a Diego Melo, y su Mervel Films, que desde 2006 ha realizado Corre carajo, Extra extra, I want you agrimensura, The Container, Combo breaker y Replay.
También Guillermo Kloetzer entra en la escena local del cine bizarro, con sus Gardel y las arañas pollito, Red Rat, y más cerca en el tiempo, Manual para el macho Alfa.
Otro realizador que interviene en el género es Maximiliano Contenti, con sus trabajos de humor bizarro, y su última película, Muñeco viviente 5.
Al ritmo de estos y otros realizadores, y de un público cultor del género que sin ser masivo existe, comenzaron a aparecer espacios donde mostrar. El Montevideo Fantástico, que tuvo su primera edición en 2005, retomó en 2007, y continuó este año, es un ejemplo de ello. Chuecas miradas fue también una instancia de proyección de producciones experimentales, fantásticas y surrealistas, que cubrió el hueco del Montevideo Fantástico, en el 2006.
Estos festivales reunieron producciones no sólo de su país, sino también de países como Alemania, Argentina, Canadá, España, y Estados Unidos, entre otros.
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